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sexta-feira, julho 30, 2010

Los déficits

Haría cualquier cosa en favor de los estímulos públicos, pero no esto...
Paul Krugman · · · · ·
 
25/07/10
 
Es realmente irrelevante para los actuales debates políticos, pero hay un asunto que me viene encocorando desde hace un tiempo, y he decidido escribir sobre él.
Ahora mismo, el debate político real es si necesitamos austeridad fiscal aun hallándose la economía en un estado de profunda depresión. Obviamente, yo me opongo a eso, porque creo que lo apropiado es, al contrario, incurrir en déficits.
Pero aquí está la cosa: hay una escuela de teoría económica que sostiene que los déficits nunca son un problema, mientras el país pueda seguir emitiendo su propia moneda. El defensor más destacado de esta corriente de pensamiento es seguramente Jamie Galbraith, pero no es el único.
Jamie y yo, creo, estamos completamente de acuerdo respecto de lo que habría que hacer ahora. Así que estamos discutiendo de teoría, no de práctica. Ello es que no puedo acompañarle en su opinión de que:
"Mientras los bancos estadounidenses estén obligados a aceptar cheques del gobierno –es decir, mientras exista la República—, el gobierno podrá gastar y gastará sin necesidad de empréstito, si así decide hacerlo (…) La insolvencia, la quiebra o aun unos tipos de interés real más elevados no constituyen un riesgo para el sistema."  
Ahora bien; yo no creo que esté en lo cierto. A fin de poder gastar, el gobierno debe convencer al sector privado para que libere recursos reales. Puede hacerlo mediante la recaudación fiscal, con empréstitos, o a través de la rentabilidad del señoreaje, imprimiendo moneda. Las tres cosas tienen sus limitaciones. Incluso un país con moneda fiduciaria propia puede quebrar, si se empeña lo bastante.
¿Cómo? Un pequeño modelo ayudará a entenderlo.
Pensemos en términos de un modelo de dos períodos, aunque no necesito decir mucho sobre el primer período. En el período 1, el gobierno toma prestado emitiendo bonos indexados (podría hacerlos nominales, pero entonces necesitaría introducir las expectativas de inflación, y terminaríamos donde estábamos). Eso significa que en el período 2, el gobierno posee un servicio de la deuda por el monto D.
El gobierno puede honrar esta exigencia de servicio de la deuda, en todo o en parte, consiguiendo un excedente primario, un exceso del ingreso respecto del gasto corriente. Supongamos, empero, que  hay un límite máximo, S, al excedente primario factible, un límite impuesto por las restricciones políticas, las circunstancias administrativas (si los impuestos son demasiado altos, todos evadirán), o por el hecho palmario de que la recaudación fiscal no puede rebasar el PIB.
Pero el gobierno dispone también de una imprenta. El ingreso real que recauda sirviéndose de la imprenta es [M(t) - M(t-1)]/P(t), en donde M es la oferta monetaria y P el nivel de precios.
¿Qué determina el nivel de precios? Supongamos una teoría cuantitativa simple, con un nivel de precios proporcional a la oferta monetaria:
P(t) = V*M(t)
Suponiendo eso, estoy partiendo del supuesto más favorable respecto de la capacidad de señoreaje, porque, en la práctica, acudir a la imprenta lleva a una caída en la demanda real del dinero (la gente empieza a servirse de sacos de carbón o de cualesquiera otros substitutos).
Vale. Preguntémonos ahora qué pasa, si el gobierno ha incurrido lo suficiente en deudas como para que el límite máximo al excedente primario sea una restricción forzosa y resulte necesario acudir a la imprenta para salir del paso. En tal caso:

[M(t) - M(t-1)]/P(t) = D – S

Pero P es proporcional a M, de modo que:

[M(t) - M(t-1)]/VM(t) = D – S

Despejando, tenemos que:

M(t)/M(t-1) = 1/[1 - V[D-S]]

¿Y qué implica eso? Puesto que hemos supuesto que el nivel de precios es proporcional a M, lo que esto nos dice es que cuánto más elevada sea la carga de la deuda, tanto más elevada tendrá que ser la tasa de inflación, y que –lo que resulta crucial— a medida que D-S se acerca a un nivel crítico, la inflación generada tiende a infinito. La cosa pinta así:
De modo que hay un nivel máximo de deuda que resulte manejable. En la práctica, si es que tiene sentido decir tal cosa en relación un modelo estilizado, en algún punto por debajo del nivel crítico implicado por el modelo, el gobierno tendría que decidir que la quiebra es una opción mejor que la hiperinflación.
Y volviendo al período 1, los prestadores tomarán en cuenta esta posibilidad. De manera que hay límites reales a los déficits, aun en los países con capacidad para imprimir su propia moneda.
Bien, estoy seguro de que habrá comentarios y réplicas en otros blogs por el estilo de: "¡Ahahá! Krugman admite ahora que los déficits causan hiperinflación! ¡Peter Schiff mola cantidad!". Pues no: en condiciones extremas, los déficits PODRÍAN causar hiperinflación; ahora no estamos, ni por mucho, cerca de una situación así. Lo único que estoy diciendo es que no estoy preparado para seguir a Jamie Galbraith hasta el final. Los déficits pueden causar una crisis; pero no es razón para recortar el gasto público ahora.
Paul Krugman fue Premio Nobel de Economía en 2008. Para leer la réplica de Galbraith, pulse AQUí: Para ver los comentarios de Randal Wray a la polémica Galbraith/Krugman, pulse AQUÍ.
Traducción para www.sinpermiso.info: Roc F.Nyerro

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